¿Tiene sentido hablar de civilizaciones?

Publicado originalmente en: https://tribunaciudadana.com/2026/07/15/tiene-sentido-hablar-de-civilizaciones

Una opción para analizar la coyuntura actual es el del sistema-mundo, el cual tiene un sustento eminentemente económico. Pero para complementar el análisis desde un enfoque sociológico vale la pena poner sobre la mesa el concepto de civilización. 

Y aunque se podría hablar de numerosas civilizaciones, en la actualidad solo hay algunos pocos actores grandes que juegan un rol fundamental y para analizarlo más adecuadamente serviría el concepto de “plataforma civilizatoria”, la cual debería comprender varias características: una extensión territorial mayúscula, una población superior a 400 millones de habitantes (un 5% de la población mundial), una lengua mayoritaria común, una religión mayoritaria común y un sistema político mayoritario común en el presente o en el pasado.

Las principales plataformas del mundo contemporáneo

Desde esta perspectiva, el mundo actual puede entenderse como la interacción (lucha y cooperación) entre varias plataformas continentales. 

La plataforma anglosajona, articulada en torno al inglés y el cristianismo protestante, constituye hoy el bloque de mayor influencia financiera, tecnológica y militar, heredero del imperio británico y presente a través del actual imperio estadounidense. Su capacidad para proyectar valores económicos (libre comercio), políticos (derechos humanos) y productos culturales (música y cine) le ha permitido ocupar una posición hegemónica durante buena parte de las últimas décadas.

La plataforma eslava, organizada alrededor de la lengua rusa y el cristianismo ortodoxo, mantiene una fuerte continuidad histórica con el imperio zarista y la posterior Unión Soviética. Su enorme extensión territorial y su capacidad militar continúan situándola como uno de los principales polos del sistema internacional.

En Asia destacan dos plataformas de enorme relevancia: la plataforma china, sustentada por el mandarín y con una visión confuciana y budista, combina una extraordinaria continuidad histórica con la mayor población hablante de una misma lengua y una economía con presencia en todo el mundo. Y también está la plataforma india, articulada principalmente alrededor del hindi y el hinduismo, experimenta un acelerado crecimiento demográfico y económico que la proyecta como uno de los principales actores del siglo XXI.

Se podría postular una sola plataforma musulmana, sustentada en el Islam. Sin embargo, esta plataforma no es un monolito. Al igual que el cristianismo hay varias interpretaciones religiosas, lo cual podría configurar varias sub-plataformas diferenciadas, articuladas en torno a diferentes lenguas: el turco (Turquía, heredera del imperio otomano), el persa (Irán, heredera del imperio persa) y el árabe (en torno a Arabia Saudita y el norte de África, que ha tenido diversos califatos),

Finalmente, la plataforma iberoamericana, con el sustento de idiomas tan similares como el español y el portugués, constituyendo el segundo espacio lingüístico de lengua materna del mundo, tan solo después del chino.  Con más de 500 millones de hispanohablantes y más de 250 millones de lusoparlantes en diferentes países no sólo de América y Europa, sino también de África y Aria. Es un territorio vastísimo, con una población gigantesca, un potencial económico enorme, el cual permanece insuficientemente articulado.

Reconocer este legado no implica idealizar el pasado ni desconocer los conflictos que acompañaron la formación de los antiguos imperios, significa aceptar y asumir la historia. Las comunidades políticas existentes hasta el siglo XIX y XX dejaron una infraestructura cultural que hay que valorar. Pero vale la pena subrayar que reconocer un pasado común no implica cuestionar la independencia ni la soberanía de ninguno de los Estados actuales.

En este contexto, México reúne condiciones excepcionales para desempeñar un papel de liderazgo. Su dimensión económica y demográfica, su ubicación estratégica entre América del Norte y América Latina, así como el peso internacional del español, le otorgan una posición privilegiada para impulsar proyectos de integración en toda Iberoamérica, la cual incluye territorios en los Estados Unidos de Norteamérica. 

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