La doctrina Donroe: el expansionismo yanqui sin máscaras

El 7 de septiembre de 2026, en pleno mes de la independencia mexicana, Donald Trump publicó en redes sociales un mapa en el que la bandera estadounidense cubría México, Canadá, el Caribe (incluida Cuba), Groenlandia e Islandia, bajo el título “United States of America” y con el golfo de México renombrado como “Gulf of America”. 

En días y meses pasados ha realizado varias publicaciones con este tipo de mapas y cambios de nombre. Pero lo grave no sólo son las provocaciones aisladas de un presidente aficionado al espectáculo, sino que forma parte de un patrón sistemático y organizado.

El proyecto expansionista de Estados Unidos y la Doctrina Monroe

El pasado 4 de julio se cumplieron 250 años de la independencia estadounidense. Vale la pena recordar que en 1776, Estados Unidos nació como una franja de tierra con costa en el Atlántico y sin más frontera que la cordillera de los Apalaches. 

Sin embargo, desde su origen EUA tuvo un claro proyecto expansionista. En poco más de un siglo el país multiplicó su territorio original mediante una secuencia de compras, guerras y presiones diplomáticas que lo hicieron pasar de un territorio de 630,000 km2 a abarcar casi 10,000,000 de km2. 

Entre estos movimientos imperialistas destacan la compra de Luisiana a Francia en 1803, la cesión de Florida por parte de España en 1819, la intervención con la que arrancaron 2,400,000 km2 a México en 1848, la compra de Alaska a Rusia en 1867, la guerra contra España en 1898 que dejó a Washington con Puerto Rico, Filipinas y una tutela de facto sobre Cuba. En 1903 promovió la separación de Panamá de Colombia, que permitió a Estados Unidos negociar la construcción y administración del canal durante casi un siglo, hasta 1999.

La Doctrina Monroe de 1823 resumida en la frase: “América para los americanos”, proporcionó el marco ideológico para esa expansión que argumenta la defensa del continente americano de la recolonización europea, pero en la práctica deja a los demás países americanos como Estados subsidiarios y casi vasallos del imperialismo yanqui.

Corolario Trump: hacia la Doctrina Donroe

Donald Trump y su administración bajo su segundo mandato han tomado un lenguaje intervencionista muy claro. La Estrategia de Seguridad Nacional actual aboga por una política agresiva que da prioridad a Estados Unidos e impone sus intereses geopolíticos estableciendo condiciones -especialmente en el continente americano- en sectores clave como la energía (petróleo), la migración, el narcotráfico, la logística, las relaciones comerciales, etc.

Con todo este marco es que se entiende cómo en enero de 2026, Trump declaró que Estados Unidos tomaría Groenlandia “de una u otra forma”, llegando a estimar en $700,000 millones de dólares el costo de comprársela a Dinamarca y sin descartar el uso de la fuerza.

También enero de 2026, Estados Unidos capturó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y lo presentó con cargos penales ante cortes de Nueva York, bajo una crisis interna del chavismo y mostrando el reacomodo geopolítico de reparto por zonas de influencia entre las 3 grandes potencias mundiales: China, Estados Unidos y Rusia.  

Trump anunció que Washington administraría el país durante la transición, comandada por Delcy Rodríguez. Ocho meses después, el resultado es un acuerdo petrolero que otorga a Estados Unidos el control mayoritario de más del 20% de las reservas probadas de Venezuela durante 25 años, a través de un mecanismo de inversión creado por el propio Pentágono.

Con Cuba la estrategia ha sido de asedio económico: Washington cortó el flujo de combustible hacia la isla, presionó con aranceles a los países que la abastecían y está buscando activamente un cambio de régimen. A esto se suma el respaldo declarado a los candidatos y posteriormente gobiernos de derecha en la región, como parte de una estrategia explícita de recuperar la influencia preponderante en todo el hemisferio.

México ante el imperialismo yanqui

La integración demográfica y económica entre Estados Unidos y México hace que el país no sea colonizable por la fuerza. México ha constituido y consolidado una importante fuerza con el paso del tiempo. La presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con firmeza: “México no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero”.

Este escenario de presión sin tapujos por parte de Estados Unidos, debe llevar a pensar y ejecutar una estrategia integral con dos vías complementarias: la primera es el hermanamiento hispanoamericano, impulsando espacios como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para que se convierta en plataformas de coordinación real entre gobiernos y no solamente foros entre jefes de Estado; la segunda es la organización política de los migrantes mexicanos dentro de Estados Unidos para que traduzcan el capital demográfico en influencia legislativa y ejecutiva concreta en favor del bienestar de las mayorías.

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